Libro : Etiqueta y estilo en los negocios

Ya he escrito antes sobre que si algo nos falta a los profesionistas es pulir nuestras habilidades sociales.

Regresaré en el tiempo antes de continuar, hace ya casi veinte años cuando cursé la carrera de ingeniería mi currícula consistía en temas técnicos con un poco de cuestión social como psicología o administración de empresas; es decir nos prepararon para ser empleados eficientes y conocedores de la última moda en la industria; pero nunca nos enseñaron como responder un teléfono o preparar una junta.

Y qué decir de atender una junta o comida de negocios, aprender a pedir en un restaurante o siquiera usar los cubiertos en una comida de varios tiempos. Nada, cero. Ahora podía ser que vinieras de una familia donde a golpe de repetición te enseñaron todas esas cosas, pero mi generación en particular venía de familias donde nosotros éramos los primeros que hacían una carrera, por lo tanto eran de costumbres sencillas donde ir a un evento social equivalía a una boda o quinceañera.

En fin, el asunto es que algunos nos dimos cuenta que teníamos que dejar de ser tan “silvestres” y aprender como fuera a parecer gente de mundo (aunque no conociéramos más allá de 200 kilómetros a la redonda). Para algunos como fue mi caso, el haber participado en varios grupos sociales que eran considerados muy elitistas (por aquello que eran solo por invitación), me forzó a aprender no sin pasar algunas vergüenzas. Todavía hace unos cinco años tomé un curso de modales donde todavía me di cuenta que me faltaba mucho (un ex que en paz descanse decía que yo tenía una inocencia salvaje que siempre me sacaba de líos). La verdad es que odio los actos protocolarios, pero si sigo las reglas siempre llevaré ventaja sobre los demás, porque la falta de habilidades sociales cuesta mucho dinero.

 Así que ahora quiero recomendar un libro que me pareció fabuloso sobre este tema y que se titula “Etiqueta y estilo en los negocios” de Barbara Pachter el cual promete dar consejos para destacar en redes sociales, reuniones y comidas de negocios. El texto trae 101 diferentes situaciones con casos reales para los cuales la autora da su opinión y consejos al respecto.

 Por ejemplo, en cuanto a las presentaciones dice que nunca debes usar un diminutivo o tu nombre modificado de manera que se vuelva más informal – y habla sobre el día que “Mike Jordan” decidió convertirse en “Michael Jordan” ¿qué diferencia, no?. O que cuando vayas a un evento o reunión en donde ocurran presentaciones, cargues tus cosas o tu copa en la mano izquierda para que la derecha siempre esté libre y seca ¡puro sentido común!

 Por cierto, en la página 259 describe los siete pecados capitales que matan cualquier carrera y no podría estar más de acuerdo.

 Me encantó este libro, lo voy a convertir en uno de mis libros de cabecera. Pueden escuchar algunos de sus consejos en este webinar disponible en YouTube (en inglés).

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Idea millonaria de negocios : galletas de chocolate

Cuando vi este reportaje en la televisión mi quijada se fue al piso, les explico.

Esta es la historia de una maestra de escuela jubilada que desde los años 70 inició este negocio de galletas de chocolate,  las cuales vende en una feria de verano. Al inicio se juntó con varios amigos pensando ganar unos cuantos dólares extras . Las expectativas no eran realmente grandes en cuanto a los ingresos pero por alguna razón a la gente le encantó su producto y decidió regresar al siguiente año….y eso fue en 1979.

En el 2014 tiene que contratar a 400 personas para que cubran los doce días que dura a feria, para preparar 2000 de galletas por minuto en doce hornos. Todo este esfuerzo le reporta la friolera cantidad de más de dos millones de dólares.

¡Dos millones de dólares de sólo doce días con un solo producto!

Vean el vídeo.

 A veces la mejor idea millonaria de negocios no es el producto más innovador, ni el más avanzado, es solo un producto que la gente quiera sea bueno o no, sea sano o no. Tratar de empujar un producto que la gente no usa o crear un hábito que no existe requiere muchísimo más esfuerzo y dinero. Esto último es algo que deberían de entender aquellas personas que intentan crear un negocio de sustitutos de café, chocolate o cualquier otro alimento funcional: la gente normal no quiere consumirlos, solo los que llevan un modo de vida saludable pueden ser sus clientes lo que supone un mercado muy pequeño y competido.

Así que busque un producto sencillo que la gente quiera y hágalo divertido, porque ¿quién le dice que no a un enorme bote de galletas de chocolate?

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Mejor que un MBA – mi experiencia administrando un negocio

Los lectores recurrentes de este blog y de mi cuenta de twitter ya seguramente saben que estoy totalmente convencida que estudiar administración de empresas es un ejercicio inútil , igual que estudiar una maestría cuando no tienes nada de experiencia práctica.

¿Y qué es peor? Estudiar un MBA recién salido de la carrera sin haber trabajado un minuto en ningún tipo de negocios; siempre he creído que la experiencia mata el diploma. Tanto así lo creo que hace ya varios años decidí aprender cómo administrar un negocio de la manera práctica: trabajando en uno.

Verán, hace ya siete años decidí responder a un anuncio donde buscaban personas para entrar a un programa de entrenamiento para una cadena de tiendas a nivel nacional, en el cual en un año o menos aprenderías el proceso de operación, ventas, mercadotecnia, recursos humanos y demás. De inicio el proceso de selección fue brutal, porque de más de 300 candidatos sólo llegamos como veinte a la entrevista final en Monterrey; después de  48 horas de exámenes y entrevistas sin cesar solo a cinco nos hicieron la oferta.

Así que a principios del verano del 2007 inicie mi entrenamiento en una tienda que tenía 130 empleados y un promedio de más 1500 operaciones de venta por día. Al principio todo parecía sencillo porque había que llegar a las 6:00 de la mañana a abrir, preparar piso de ventas y las cajas para empezar a recibir clientes a las 7:00 am; siempre y cuando se presentará toda tu plantilla programada y tuvieras suficientes cajeras disponibles. Luego había que asegurar cubrimiento en áreas de ventas, tener todo limpio y ordenado para poder abrir las puertas finalmente.

Luego empezaba la locura.

Durante todo el día era imposible sentarse siquiera una vez, ya que siempre había un cliente o problema que resolver: dónde voy a poner este nuevo producto que llego, aprobar la devolución de cierto producto, liberar transferencias entre tiendas, cambiar toda la señalización porque hubo cambios de precios o hay una nueva promoción, analizar los datos de merma – que incluía los robos – , definir planes para reducir la muerte de las plantas, hacer los retiros de fondos para enviarlos al banco, asegurar que los servicios de la tienda estén pagados, hacer el conteo de productos de alto valor diariamente, validar todos los recibos de mercancía, validar los embarques a los clientes comerciales, atender línea de cajas o servicio al cliente.

Y eso era todos los días, una vez al mes había que despedir a uno o varios empleados que habían incumplido con el reglamento de trabajo, más de una vez tuve que sacar a personas que se presentaron con aliento alcohólico o demasiado desvelados para operar equipo.

Todo lo anterior era solo la parte operativa, porque la parte comercial era otro rollo; había planes de venta diarios y semanales que cumplir, cierta cuota de productos de temporada que vender antes de ciertas fechas y estaban en perpetua competencia no solo con otras tiendas de la misma empresa sino con al menos 25 ferreterías familiares en un radio de tres kilómetros a la redonda (lo sé porque las conté un día). Más de una vez descubrí a mis competidores más importantes dentro de mi tienda haciendo comparaciones de precio, a lo que respondía enviándoles un saludo por el sistema de sonido para luego verlos salir disparados como flecha (“Nuestros precios son tan bajos, que hasta la gente de XXXXX viene a comprar a nuestro departamento de plomería”).

Tuve docenas de contratiempos:

  • Por pérdida de confianza despidieron a los dos gerentes que me estaban entrenando, así que con apenas dos meses de entrenamiento terminé con las llaves de la tienda en mis manos.
  • Sobreviví tres inventarios y en todos hubo pérdidas que provocaron cambios en la organización.
  • Descubrieron un inventario de productos obsoletos de varios millones de pesos que estaba afectando los números del negocio, así que por meses tuve ventas especiales a precios de risa para deshacerme de todo aquello, por lo que le pegué al margen de ganancias (era una cosa o la otra).
  • Dos veces me quedé sin energía eléctrica, una de esas ocurrió a las cuatro de la mañana por lo que a esa hora tuve que rescatar a los chicos de resurtido nocturno. La bomba del sistema contra incendios por alguna razón continúo funcionando sin circular agua por lo que estaba al rojo vivo cuando rompimos la puerta para desconectarla – si me tardo más aquello se incendia.
  • Tuve otro corte de luz por cuatro horas en una mañana de agosto, sin aire acondicionado y sin línea de cajas tuvimos que cobrar como en tiendita de barrio: con notas, calculadora en mano y cobrando solo efectivo; ese día los clientes dijeron que amaron el servicio personalizado que les dimos, pero también tuvimos pérdidas por las ventas que no se pudieron llevar a cabo y porque hubo equivocación en cobros.
  • Una tarde de abril durante una tormenta de arena se cayeron dos enormes lámparas del estacionamiento, una cayó sobre mi camioneta y otra sobre la entrada, afortunadamente nadie salió herido pero si fue todo un circo limpiar el área y documentar el caso por aquello de los seguros.
  • Uno de los choferes terminó en una estación de policía porque un conductor con su motocicleta se estampó contra su camión, y sin temerla ni deberla hubo que probar que el error fue el de la motocicleta – pero el susto de la cárcel nadie no lo quitó.
  • Por semanas completas nunca le pegué al plan, era el 2007 y la industria de la construcción empezó a decaer. En el 2008 los números indicaban una recesión en puerta, ya que la construcción siempre entra en crisis unos seis meses antes que todos los demás ramos de la economía.

 Y quizás esto último fue lo que hizo entender que administrar un negocio es mucho más complicado que solo tener un local y un producto que vender: hay que entender la parte técnica para poder tomar decisiones adecuadas, porque no siquiera los manuales de la misma empresa me sirvieron para resolver las broncas que vivía cada día.

En marzo del 2008 mientras atendíamos una conferencia anunciaron un recorte de personal masivo en el corporativo, a nosotros nos dieron a entender que había probabilidad de que el programa se cancelara. Para aquel tiempo yo ya estaba poco menos que agotada porque no habían reemplazado todavía a la gente que habían despedido y había pasado meses sin tener un día de descanso, así que decidí que debía buscar empleo en otro lado y en unas semanas ya tenía una oferta en otro lado: decidí regresar a lo que sabía hacer.

Seguí en contacto con varios de mis ex compañeros, luego me enteré que los asaltaron en pleno día usando armas largas – ese había sido mi peor temor durante todo el tiempo que estuve allí, sobre todo cuando me tocaba cerrar ya entrada la noche. Luego llegó la crisis económica del 2009 y la de seguridad del 2010, las ventas se redujeron pero sobrevivieron, igual que lo hicimos todos los demás.

Ahora que lo veo a la distancia sé que no quiero tener un negocio propio, al menos no uno que requiere ese nivel de atención; y que el día que quiera abrir uno tengo que estudiar el mercado, la competencia y el producto con muchísimo cuidado porque solamente así tendré una oportunidad de sobrevivir. Lo que también sé es que un MBA no me hubiera transfundido ni una décima parte de la experiencia que pude obtener trabajando en el negocio, sin contar que en lugar de tener que pagar me pagaron.

Sin contar que pesa más en un curriculum decir que tienes un año de experiencia práctica, que cuatro años de teórica nada más.

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