Pues bien, han pasado 10 años desde el 911.
Todos probablemente tendremos algo que recordar, sobre lo que hacíamos en el momento de enterarnos del evento lo cual en realidad no es tan importante; y andarse cuestionando el sentido de la vida está bien como proceso de duelo , pero lo que realmente determina el impacto en nuestras vidas son todos aquellos cambios que hicimos a partir del evento.
Para los fronterizos la vida jamás regresó a la normalidad, porque vivimos en simbiosis con nuestros primos del otro lado del puente. Las primeras semanas fueron caóticas, luego cada vez tuvimos que irnos acostumbrando a ir cumpliendo más reglas al cruzar, al subierte aun avión, al pedir un permiso en migración, y todos esos cambios no solo modificaron nuestras rutinas, sino también la manera en que usamos nuestro dinero.
Los protocolos de seguridad para cruzar la frontera cambiaron completamente, ahora había que invertirle más tiempo para ir al otro lado. Las filas en los puentes internacionales se volvieron interminables porque las revisiones se volvieron exhaustivas. Cruzar al otro lado resultó desde entonces más caro , tanto en los costos de las visas como en la gasolina que consumías en las filas de horas y horas para cruzar. Como resultado de eso tuve que pagar alrededor de $125 dólares por una tarjeta de cruce rápido y aún así la pienso cada vez que quiero cruzar. Ahora incluso estoy pensando en pedir que me aprueben un programa de viajero confiable , para que no tenga que hacer la enorme fila de migración estadounidense cada vez que regreso de un viaje internacional , ¿el costo? $100 dólares.
Los protocolos de seguridad para viajar por Estados Unidos se volvieron complicadísimos, lo que cambio hasta la manera de empacar una maleta y de como vestirte para viajar. Con las limitaciones en cuanto a el tipo de cosas que puedes cargar en tu maleta, nos tuvimos que volver frugales porque todo va en contenedor chiquito . Me tocó ver frascos de maquillaje y perfumes carísimos ser enviados a la basura por no cumplir las reglas del tamaño. En cuanto a la ropa, aprendimos a no usar joyería (so pena de sonar como alarma de auto al pasar por detectores de metales), a traer siempre buenos zapatos y medias (por aquello que te quitas los zapatos al entrar a la zona segura del aeropuerto), y a perder la pena porque puede que alguien te revise tocándote. Para personas como yo, que solemos viajar con cierta frecuencia esto fue todo un proceso de re-aprendizaje , porque afectó nuestras muy arraigadas y sagradas rutinas de viaje.
Aprendí a que me puedo ir de este mundo en cualquier momento, así que ahora me aseguro de tener mis asuntos financieros en orden y tener una póliza de seguro de vida vigente. Muchos de los deudos de las víctimas del 911 se quedaron con una mano adelante y otra atrás, esperando la compensación económica del fondo para víctimas que implementó el gobierno. Muy triste fue que tuvieron que negociar cuánto valía la vida económica de sus familiares ; eso es algo que no desearía que nadie tuviera que ser.
Aprendí que me puedo quedar sin trabajo por algo que nada tiene que ver con mi desempeño, meses después del 911 me quede sin empleo a causa de la crisis económica resultate del evento. Mi situación económica era mala, me tomó varios meses conseguir empleo y más de un año recuperarme financieramente. Ahora tengo un fondo de emergencia y varios planes alternos .
Aprender a desapegame , tanto de las cosas materiales como hasta de las personas. Suena duro, pero el proceso de desapego no consiste en dejar de querer, sino de querer en forma activa en el presente no esperando el futuro para demostrar y hacer lo que queremos con esa persona.
Recordar un evento como el 911 tiene su sentido desde el punto de vista del proceso de duelo, pero debería tener mucho más sentido si pudieras ver hacia atrás y decir “esto cambio mi vida para bien”.
¿Y cómo cambio la vida financiera de las personas directamente afectadas por el 911? Escuchen algunas de sus historias .